NAVIDAD NEGRA

tarjeta-navidad-invitacion

” El 16 empezamos las novenas y el 24 tenemos Navidad
Hay alegría en mi corazón
cantemos la nochebuena porque nace el Niño Dios”

Éste es un fragmento de un popular villancico con el cual comenzábamos antaño la novena de navidad en Andagoya, Chocó.
¡Qué tiempos aquellos cuando la celebración de la navidad era un espacio de actividades conjuntas en las cuales participaban todos los miembros de la familia!
El árbol de navidad por ejemplo, requería para su elaboración un proceso largo pero divertido: Ir al monte a escoger una buena rama; pelarla, lijarla, forrarla con algodón y luego decorarla de acuerdo con la creatividad de cada familia, pues no se contaban con muchos recursos para comprar adornos suntuosos.

Luego seguía la elaboración del pesebre que ponía en funcionamiento a tod@s en casa: mientras alguien iba al monte a buscar el musgo (actividad prohibida hoy por aquello de la preservación del medio ambiente) otra persona se desplazaba hasta la carpintería a traer el aserrín y otra más iba al río por piedritas y arena. Habiendo recolectado lo necesario, procedíamos a construir nuestro pesebre tratando de recrear lo más fielmente posible el Belén descrito en la Biblia, aunque, curiosamente, por alguna extraña razón, en la mayoría de los pesebres las personas eran y siguen siendo más grandes que las casas.

El día 16, como dice el villancico, comenzábamos las novenas recorriendo cada una de las casas del barrio el Cascote donde había pesebres empezando por la mía, la de Ana Murraín, la de la maestra Aura de copete, la señora Baldramina y otras que no recuerdo; donde acompañad@s por panderetas y sonajeros elaborados con tapas de gaseosas; con las tapas de las ollas , tarros y todo cuanto sonara, entonábamos a todo pulmón villancicos tradicionales como “Tutaina” y otros muy auctóctonos aprendidos por tradición oral como:

navidad-afro

“La estrella en el oriente, alumbrando va el camino
a los Reyes Magos que van
a adorar al Niño Dios,
alabao de Navidad
alabao del Niño Dios

Y el momento del coro era el de máxima euforia:

¡alabao, ao, ao!
Y la virgen, ¡ao, ao!
San José, ¡ao, ao!
Y el Niño, ¡ao, ao!
Y los Reyes, ¡ao, ao!
Alabao de navidad, alabao del Niño Dios

L@s anfitrion@s de cada novena, de acuerdo con sus posibilidades, obsequiaban dulces como “supercoco”, o galletas a l@s niñ@s quienes al contrario de l@s de hoy no acudían a rezar la novena por los dulces ni los obsequio, sino por la devoción y el sólo placer de compartir y cantar con l@s demás.
Terminado el recorrido por nuestro barrio, nos desplazábamos a Las Palmeras, el barrio de l@s blanc@s, para admirar los adornos y luces de sus calles y casas tal y como se hacía hasta hace poco en el barrio El Ingenio de Cali.

El 24 de diciembre, era un día especial en el cual podíamos permitirnos acostarnos más tarde y consumir bebidas como el vinete o algún vino barato como el “Seco bandera” o Cosechero y uno que otro se metía a la boca algún “pucho” de cigarrillo que encontraba por ahí…(¡gas!)

El 25, día de estreno y de salir a jugar con los regalos que el Niño Dios había traido, las mamás intercambiaban platos que contenían los mismos productos a excepción de la maestra Aura que mandaba donas : Pan ayemado, hojaldras y dulce de papaya y coco en cuya elaboración también había intervenido toda la familia.

navidad-nuevo-latir

El 28, proliferaban las inocentadas: enviar un plato tapado que contenía piedras y

cáscaras de plátano, cebolla etc. a alguna de las amigas, decirle a las que tenían novio que éste se estaba casando en Quibdó; esconder a l@s niñ@s pequeñ@s y poner a “loquiar” a las mamás, (Nos habrían judicializado en esta época por secuestro).

Y algo muy especial y que me llena de nostalgia eran los aguinaldos: Palito en boca, Hablar y no contestar; Besito robado, estatua y otros más que escapan a mi memoria.

Nuestra Navidad Negra era una hermosa época en la cual aún careciendo much@s de zapatos, vestidos lujosos o adornos suntuosos, poseíamos una gran riqueza caracterizada por nuestra inocencia, nuestra alegría de vivir, nuestra devoción y solidaridad, el respeto mutuo y hacia nuestros mayores, valores importantes de la ética del vivir en nuestras comunidades Negras. ¡Qué tiempos aquéllos!

Emilia Eneyda Valencia Murraín